Duelo en etapa infantil

Comúnmente se sigue pensando que los niños/as no se dan cuenta de lo que pasa cuando alguien muere, no elaboran el duelo ni entienden los funerales o rituales de despedida o que necesitan ser protegidos del dolor evitando ser expuestos a él. Pues bien, ninguno de estos mitos comentados es cierto. 

Aunque cada edad tiene una serie de particularidades concretas, comparto con vosotros algunas pautas generales para explicar la muerte a un niño/a.

 

En primer lugar, nunca hay que utilizar metáforas como está dormido o se ha ido. Los niños, principalmente los más pequeños, interpretan el mundo de manera muy literal, si les decimos que alguien se ha dormido o ido, estarán esperando que se despierte o vuelva. O incluso en el caso de decirles que se ha ido, pueden sentirse abandonados por dicha persona.

 

Hay tres conceptos importantes que deben quedar claros. Estos son la irreversibilidad, es decir que es algo que no puede revertirse, la causalidad, es decir que se debe al fin o cese de las funciones vitales del cuerpo y la universalidad, nos pasará a todos los seres vivos. 

La palabra muerte puede pronunciarse, de hecho es recomendable que sea pronunciada antes que cualquier otro eufemismo como ya se ha comentado.

 

Es importante también aclararles que la persona fallecida no va a pasar hambre, frío, dolor… Se le debe explicar dónde estará el cuerpo enterrado o incinerado y si el menor lo pide, no hay ningún problema en que quiera ir a verlo, o incluso en edades más avanzadas asistir al funeral o ritual de despedida. En niños más pequeños, ellos mismos pueden hacer su propio ritual de despedida con un dibujo o una carta si lo desean. 

 

El lugar donde se recomienda comunicarle al menor el fallecimiento de un familiar o amigo debe ser un lugar que le resulte conocido, seguro y tranquilo. Permitiéndole así que pueda tener un espacio íntimo donde además pueda expresarse. 

 

Dicha noticia debe transmitírsela alguien cercano, siempre alguien con quien el menor tenga una buena conexión afectiva. 

No pasa nada si el niño ve a la persona que lo expresa llorando o triste, de esa manera normalizamos esa emoción y le permitimos mostrarla ante los demás si lo necesita. Si la persona cree que va a desbordarse y no va a poder comunicarlo adecuadamente porque está invadido por dicha emoción, es mejor esperar a estar un poco más calmado o pedir a otra persona que lo haga. 

 

En algunas ocasiones, el duelo puede pasar de ser un duelo normal a complicado. Algunos indicadores de este último caso son el llanto en exceso durante largos periodos de tiempo, rabietas frecuentes y prolongadas, alteraciones de la conducta, disminución del rendimiento escolar, retraimiento, pesadillas y parasomnias, dolores de cabeza entre otra dolencias físicas, pérdida de apetito y peso, apatía, desgana al juego o poco interés por los amigos, problemas de autoestima y visión pesimista hacia el futuro (Kroen 2002)

Si observas que alguno de estos síntomas persisten en el tiempo, es importante que pidas ayuda a un profesional que valore si el menor está en un proceso de duelo normal o ha entrado en un duelo complicado.

 

Espero que estas pautas sirvan de ayuda en caso de tener que afrontar esta situación.

 

Marina Ribas Ortiz, Psicóloga General Sanitaria.

 

Parte de esta información ha sido extraída de la formación continuada a distancia del Consejo General de Psicología de España (FOCAD). Más concretamente, Afrontamiento de la muerte y el duelo en etapa infantil. A.León Mejía y M.