FELICÍTATE A TÍ MISMO

 

Parece una tontería ¿verdad? ¿Felicitarme a mí mismo? ¿Por qué si no es mi cumpleaños?

 

Felicitarse a uno mismo no es tan absurdo. De hecho, el refuerzo o premio más potente que podemos obtener es que alguien nos felicite por cosas que hemos hecho bien. Hay estudios que demuestran que es incluso más potente que el dinero.

A todos nos gusta que nos reconozcan el haber hecho un buen trabajo, que nos agradezcan las cosas, que nos feliciten…

Digamos que todos llevamos una bolsa en la que vamos metiendo esas felicitaciones. Éstas, no son eternas duran un tiempo determinado, por eso debemos ir llenando esa bolsa continuamente e irla manteniendo para que no esté vacía.

 

Es ahí donde entras tú mismo en juego. No debes esperar siempre que los demás reconozcan tu trabajo para sentirte bien, o para tener esa bolsa bajo unos mínimos, es importante encontrar las maneras de reconocerte a ti mismo. Es muy probable que al final del día haya muchas cosas por las que debas felicitarte. Algunos ejemplos pueden ser haber hecho un buen trabajo, haber ayudado a algún amigo, haberse esforzado para conseguir algo…

Al irnos a la cama seguro que podemos hacer un ejercicio de memoria y pensar ¿Qué cosa he hecho yo por la que deba felicitarme? Parece algo sencillo pero necesita de cierto entrenamiento.

 

Es también importante pensar en qué cosas no me han salido tan bien y cómo mejorarlas, de hecho pensar en cómo mejorar algún aspecto ya es motivo de felicitación. Estoy segura que al final del día pensamos más en lo que hemos hecho mal, que en lo que hemos hecho bien, y la pregunta sería ¿Es sano vivir sólo pensando en lo que hago mal? ¿Realmente es positivo para mí pensar sólo en lo mal que me ha salido algo? Debemos ser algo más objetivos con nosotros mismos, las autocríticas personales deben ser constructivas y no nuestras peores aliadas.

 

Planteemos un hecho cualquiera. Nuestro jefe nos despide y nos dice que debido a un mal momento empresarial, debe prescindir de personal, y no nos renueva por ser uno de los últimos en incorporarse a la empresa. Este hecho puede ser planteado de dos maneras:

La manera A, que sería pensar que el despido es por mi culpa, que soy mal trabajador, que nadie me quería en la empresa, no han apreciado mi esfuerzo, que no voy a encontrar otro trabajo…

La manera B, quizá es cierto es un mal momento y no es mi culpa, esto no significa que no pueda encontrar otra cosa, no soy mal trabajador porque me he esforzado…

 

Como veis la misma situación tiene interpretaciones diferentes. Obviamente te va a producir una emoción negativa el ser despedido, pero la forma de afrontar ese despido es muy importante a nivel emocional. Si pienso según la manera A, mi actitud no será tan positiva a la hora de buscar un nuevo trabajo y eso se reflejará en las entrevistas. En cambio si me veo a mí mismo capaz de conseguir un nuevo puesto de trabajo, proyectaré una imagen de autoconfianza y eso también se reflejará en futuras entrevistas.

He puesto este ejemplo para que sea más claro lo dicho anteriormente de que nuestros pensamientos pueden ser nuestros peores aliados.

 

Si poco a poco aprendemos a felicitarnos por nuestros logros y a intentar mejorar nuestros errores, estaremos más preparados para vivir de forma positiva cosas que inevitablemente se han de vivir como despidos de trabajo, rupturas sentimentales, problemas económicos…

¡Os animo a que os felicitéis cada día!

 

Por Marina Ribas Ortiz